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Philip Sharkey, el ojo detrás de las fotos de carnet de los famosos: “Venían sin asistentes ni maquilladores, simplemente, eran ellos mismos”

3 mayo 2026
Publicado hace 1 mes

La foto de carnet tiene esa peculiar capacidad de democratizar la imagen: desarma incluso al más fotogénico y coloca a todos en el mismo plano. Ese pequeño retrato de 32×26 milímetros, sin artificios ni retoques, iguala a anónimos y famosos, ricos y pobres. Todos necesitamos una en algún momento de nuestras vidas y nos sometemos al mismo ritual: sentarnos erguidos frente al flash, con expresión neutra y fondo blanco.

Mientras algunos salen airosos del trance y otros se sienten poco representados por el resultado, en el caso de las celebridades ocurre algo fascinante. Acostumbrados a contemplarlas siempre radiantes y perfectamente producidas, acceder a este fragmento de su intimidad resulta revelador: es como conocerlas en su versión más auténtica, sin máscaras ni artificio.

El estudio que capturó la esencia de las estrellas

«Fotografiamos a más de 800 famosos y ninguno llegó acompañado de asistentes, maquilladores o gente de relaciones públicas dando instrucciones. Simplemente eran ellos mismos», explica desde Londres Philip Sharkey, de 60 años, último propietario de Passport Photo Service, el legendario estudio fotográfico que durante décadas se convirtió en el lugar de referencia para las estrellas cuando necesitaban documentación oficial.

Este pequeño local londinense, ubicado estratégicamente cerca de las oficinas de pasaportes, se ganó la confianza de actores, músicos y personalidades del espectáculo que buscaban discreción y profesionalidad. Sharkey, que heredó el negocio familiar, fue testigo privilegiado de cómo las figuras más glamurosas del entretenimiento se despojaban de su coraza mediática para mostrarse tal como son.

Cuando la fama se vuelve humana

La peculiaridad de estas sesiones radica en su naturaleza íntima y desprovista de toda parafernalia. Sin equipos de iluminación sofisticados, sin directores de fotografía ni sesiones de maquillaje, las celebridades se enfrentaban al objetivo con la misma vulnerabilidad que cualquier ciudadano común. Era en esos momentos cuando emergía su verdadera personalidad, lejos de los focos y las alfombras rojas.

Sharkey recuerda con cariño aquellos años dorados en los que su estudio se convirtió en una especie de confesionario visual, donde las máscaras caían y la humanidad de las estrellas afloraba sin filtros. Un archivo único que documenta la cara B de la fama, esa faceta cotidiana y auténtica que rara vez llega al público.