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Mary Wickes medía casi un metro ochenta y tenía una cara que parecía esculpida en granito. No era la ingenua de la película. Tampoco pretendía serlo.
En 1934 debutó en Broadway tras estudiar Derecho, una carrera que abandonó porque las tablas tiraban más que los códigos civiles. Orson Welles la dirigió en el teatro y pronto entendió que Wickes era un arma de precisión cómica. No necesitaba grandes gestos. Le bastaba con una mirada de desaprobación o un comentario seco para robarle la escena al protagonista de turno.
Era la secundaria perfecta.
Su físico condicionó sus papeles pero ella lo explotó con inteligencia financiera. En 1942 repitió en el cine su éxito teatral The Man Who Came to Dinner junto a Bette Davis. Aquella enfermera malhumorada puso los cimientos de lo que sería su vida profesional durante seis décadas. Porque Wickes nunca fue una estrella de cartelera luminosa. Fue algo mucho más valioso para los estudios de Hollywood: una garantía de ritmo.
Trabajó con Lucille Ball en I Love Lucy y se convirtió en una presencia constante en la televisión de los años cincuenta. Antes de rodar leía el guion buscando los huecos donde su sarcasmo natural pudiera brillar. Nunca estuvo desempleada más de unos pocos meses.
El público más joven la descubrió en 1992 gracias a Sister Act. Interpretaba a la hermana Mary Lazarus, una monja con un sentido del humor tan afilado como su perfil. Tenía 82 años y seguía manteniendo el mismo tempo cómico que en sus inicios en el vodevil. Y la apuesta funcionó.
Repitió el papel en la secuela de 1993. Pero su salud empezó a flaquear poco después por complicaciones respiratorias. A pesar de los problemas físicos, en 1994 aceptó interpretar a la tía March en la versión de Little Women dirigida por Gillian Armstrong. Fue su última aparición física en la gran pantalla.
El trabajo era su única religión.
Wickes nunca se casó ni tuvo hijos. Vivía para sus personajes y para una fe católica que practicaba con discreción. En los rodajes se la conocía por ser extremadamente profesional y algo tacaña con su vida privada. Así que cuando su salud empeoró drásticamente en 1995, muy pocos en la industria conocían la gravedad de su situación.
Su último proyecto importante fue poner voz a la gárgola Laverne en el clásico animado de Disney The Hunchback of Notre Dame. No llegó a ver el estreno de 1996. Falleció en octubre de 1995 sobre una mesa de quirófano en Los Ángeles mientras le realizaban una cirugía de mama. Tenía insuficiencia renal y una anemia severa que terminaron con su resistencia.
Tras su muerte se supo que había acumulado una fortuna considerable gracias a décadas de ahorro y contratos secundarios bien negociados. Donó dos millones de dólares para crear un fondo en memoria de sus padres en el hospital de St. Louis. Fue su última gran producción, esta vez fuera de los focos.
La película de Disney tuvo que completar sus diálogos pendientes con la voz de Jane Withers.
Cosas que posiblemente no sabías de Mary Wickes




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Película
Mrs. Battison
09/10/2013


Película
Sí mismo/a material archivo
18/03/2008


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Emma Allen material archivo (sin crédito)
21/11/2000


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24/12/1994


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Aunt March
21/12/1994


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28/05/1992


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Grandma
14/09/1990


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Marie Murkin
20/01/1989


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Marie Murkin
30/11/1987


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