La canción Sin miedo, de Rosana, se ha convertido en el himno personal de Raquel Meroño, actriz que conquistó a España al ganar la quinta edición de MasterChef Celebrity. Esta melodía la acompañó durante todo el concurso culinario, donde demostró una remontada épica: de acumular varios delantales negros —los temidos uniformes de las pruebas de eliminación— pasó a alzarse con la victoria frente al humorista Florentino Fernández en una final que mantuvo en vilo a millones de espectadores.
Sin embargo, esta canción ha marcado otros momentos decisivos en la vida de la madrileña. «Fue una canción que me puse cuando me separé. Entraba en una época nueva. Me la puse un día y me dio un subidón», confiesa Meroño sobre el final de su relación sentimental con el empresario Santi Carbones en 2018, tras más de una década compartiendo su vida juntos.
De las cocinas de MasterChef a nuevos proyectos
Desde su triunfo televisivo, Raquel Meroño ha sabido capitalizar su popularidad renovada. La actriz, conocida por su trabajo en series como Al salir de clase y Hospital Central, ha encontrado en la gastronomía una nueva pasión que va más allá del programa. Su victoria no solo le reportó el premio económico del concurso, sino que le abrió las puertas a colaboraciones gastronómicas y proyectos relacionados con la cocina que han diversificado su carrera profesional.
Una transformación personal y profesional
El paso por MasterChef Celebrity supuso para Meroño mucho más que un reto culinario. La experiencia le permitió reconectar consigo misma y mostrar una faceta más auténtica al público español. Tras años centrada principalmente en su carrera como actriz, este nuevo capítulo profesional coincidió con una etapa de renovación personal que comenzó con su separación y que ha sabido gestionar con la madurez de sus más de cuatro décadas de vida.
La canción de Rosana sigue sonando en su día a día, recordándole que los cambios, aunque a veces sean difíciles, pueden abrir puertas a experiencias tan enriquecedoras como inesperadas. Su historia demuestra que reinventarse nunca es demasiado tarde, especialmente cuando se hace «sin miedo».

