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Suzanne Somers no necesitó diálogos para que Hollywood se fijara en ella. En 1973 apareció apenas unos segundos al volante de un Ford Thunderbird en American Graffiti. Aquella imagen fugaz de una mujer inalcanzable bastó para que George Lucas la pusiera en el mapa de la industria.
Pero su verdadera batalla no estaba en el cine sino en la televisión. En 1977 aceptó el papel de Chrissy Snow en Three’s Company. Interpretaba a la rubia ingenua que todos esperaban, pero detrás de las cámaras Somers estaba calculando cada paso de su carrera con una frialdad impropia de una novata.
La televisión de finales de los setenta era un terreno hostil para las actrices que pedían igualdad. Durante la quinta temporada de la serie en 1980 ella exigió un aumento de sueldo. Quería cobrar 150.000 dólares por episodio para igualar el salario de su compañero John Ritter. La cadena ABC se negó en redondo.
Aquel pulso terminó con su despido fulminante.
La industria la castigó con el ostracismo durante años porque ninguna productora quería contratar a una mujer etiquetada como conflictiva. Así que Somers decidió que si no podía ser una estrella de cadena convencional trabajaría por su cuenta para levantar un imperio propio.
Se mudó a Las Vegas y firmó un contrato millonario para actuar en casinos. Allí aprendió que el contacto directo con el público valía más que cualquier aplauso en un estudio de grabación. En 1990 compró los derechos de un aparato de gimnasia llamado ThighMaster.
Y la apuesta funcionó.
Vendió millones de unidades a través de infomerciales televisivos. Somers entendió antes que nadie que su rostro era una marca comercial capaz de vender salud, belleza y optimismo. Aquel negocio le reportó beneficios mucho mayores que los que jamás habría soñado en la televisión de los ochenta.
En 1991 regresó a la ficción con la serie Step by Step. Interpretaba a una madre de familia numerosa en una comedia blanca que se mantuvo en antena hasta 1998. Ya no era la rubia explosiva de sus inicios sino una figura materna que conectaba con la audiencia de clase media estadounidense.
Logró que el público olvidara su pasado de rebelde salarial.
Su vida dio un giro técnico cuando le diagnosticaron cáncer de mama en el año 2000. A partir de ese momento dedicó gran parte de su tiempo a escribir libros sobre tratamientos hormonales alternativos y dietas orgánicas. Publicó más de 25 títulos que generaron un debate intenso en la comunidad médica internacional.
Sus detractores la acusaron de promover pseudociencias. Pero sus seguidores compraban cada volumen que lanzaba al mercado con una fidelidad absoluta. En 2005 perdió su casa de Malibú en un incendio forestal y ese evento reforzó su discurso público sobre el desapego material y la salud espiritual.
Somers nunca dejó de trabajar en su imagen. En 2015 participó en el programa Dancing with the Stars para demostrar que su vitalidad seguía intacta a pesar del paso del tiempo. Mantuvo su rutina de suplementos y ejercicio hasta que el cáncer regresó de forma agresiva en los últimos años de su vida.
Murió el 15 de octubre de 2023 en su residencia de Palm Springs. Tenía 76 años y dejó un patrimonio neto estimado en 100 millones de dólares derivado de sus derechos de imagen y productos de bienestar.
Cosas que posiblemente no sabías de Suzanne Somers




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